La Casa Giratoria

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Paul Klee

martes, 10 de enero de 2017

EDGAR ALLAN POE

Una propuesta interpretativa de algunos personajes femeninos en los cuentos de Edgar Allan Poe

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sábado, 9 de enero de 2016

SIMONE DE BEAUVOIR

domingo, 27 de diciembre de 2015

AUBADE BY PHILIP LARKIN
NO PENSO CALLAR

jueves, 29 de octubre de 2015

UNA BUENA INTRODUCCIÓN DE ARISTÓTELES

domingo, 27 de septiembre de 2015

Sócrates       “Sólo sé que no sé nada”


Sócrates es una de las figuras más importantes de la cultura occidental y uno de los pensadores más influyentes y originales para toda la tradición posterior de filósofos e intelectuales.
Nació y murió en Atenas, la metrópoli de Grecia; ciudad famosa durante la época de Sócrates –siglo V a.C.- por ser la cuna de la primera democracia y por su pujanza económica, política y cultural. En Atenas, y con posterioridad a Sócrates, vivirán y desarrollarán su pensamiento los más grandes filósofos de la Antigüedad: PLATÓN y ARISTÓTELES.
Sócrates nació en el 470 y murió en el 399 a.C. Poseemos testimonio de su vida y su personalidad incomparable a partir de sus biógrafos, Platón y Jenofonte, y de la mención que otros intelectuales y escritores hicieron de él; en especial, el comediógrafo Aristófanes (Las Ranas) y el filósofo Aristóteles. La figura de Sócrates es sobre todo conocida a través de los diálogos de Platón, en los que Sócrates es siempre uno de los interlocutores presentes y el que en mayor medida representa los puntos de vista platónicos.
Sócrates no escribió nada, se limitó a dialogar con todo aquel que deseara hacerlo. A sus interlocutores Sócrates los buscaba en los mercados, las plazas o las calles. Prefería a los jóvenes atenienses bien educados y orgullosos de su cultura.
En los diálogos Sócrates siempre repite el mismo rol: interroga incesantemente a sus interlocutores. La finalidad de sus habilidosas preguntas es conducirlos al reconocimiento de su propia ignorancia. Con sus preguntas Sócrates infundía tal confusión en sus mentes que acababan cuestionándose todo lo que hasta ese momento habían creído saber.
Sócrates elige como tema de discusión un saber práctico o una virtud que le resulte cercana o familiar a su interlocutor. ¿Qué es la valentía o qué es la piedad? Estas preguntas que lanza Sócrates exigen una definición, pero el que conversa con Sócrates es incapaz en su debate oral con el maestro llegar a la definición buscada. Se percata entonces de que no sabe lo que creía saber, es más, si es un militar y no sabe definir qué es la valentía, Sócrates con la experiencia del diálogo le hace saber que no sabe por qué vive como vive. Toda su vida aparece de repente sin fundamento. Tras su encuentro con Sócrates los hombres ya no son los mismos. Son conscientes de que no saben. Han aprendido al menos eso.
Sócrates desorienta el alma de aquellos con quienes habla. Sólo entonces es posible emprender desde cero la búsqueda de la verdad.
Sócrates se niega a ser considerado un maestro. Él no enseña ningún contenido, no tiene nada que comunicar. Él sólo sabe que no sabe nada, lo proclama constantemente. Él sólo pregunta, negándose a su vez a responder a las preguntas.
Sócrates emplea la estrategia de la IRONÍA. Es un recurso por el cual decimos algo cuando en verdad pensamos algo diferente. En concreto, Sócrates utiliza la ironía cuando finge una autodesvalorización intelectual frente al adversario. Sócrates halaga constantemente al otro y espera aprender de él. Pero a medida que avanza el diálogo, el oponente de Sócrates se va revelando como alguien incoherente y contradictorio y, aunque Sócrates enfatiza sus propias carencias intelectuales, es más bien su interlocutor el que va asumiendo el papel de ignorante.
La madre de Sócrates era comadrona, asistía en los partos y ayudaba a traer al mundo nuevas criaturas. Sócrates afirma ejercer el mismo oficio que su madre. Él es partero de espíritus, asiste a los demás en el nacimiento de ideas, ayuda a que cada uno se encuentre a sí mismo, sepa qué sabe y qué no, se autocuestione y toma conciencia de su propia vida. Sócrates ayuda a los demás en su perfeccionamiento moral y existencial.
El diálogo socrático es toda una experiencia reflexiva, un duelo de preguntas y respuestas, en el que hay que respetar las exigencias de la razón (logos) y no incurrir en contradicción. A ese arte se le denomina DIALÉCTICA.
A Sócrates lo consideramos un filó-sofo, no un sabio. En griego, sabio es “sophós”, el que posee la sabiduría. Filósofo es aquel que no posee sabiduría, pero la desea, va en su busca mediante la reflexión compartida.
Su vida resultó más revolucionaria de lo que podemos pensar. Su interrogar constante y su revisión del saber tradicional suscitó las sospechas de hombres influyentes y poderosos en Atenas que veían en Sócrates a un agitador social. Fue acusado en el 399 por impiedad, no creer en los dioses tradicionales y, sobre todo, se denunció que corrompía a los jóvenes enseñándoles nuevas doctrinas.

Sócrates se defendió en un juicio popular y tras su discurso de autodefensa (Apología) fue considerado culpable de los cargos presentados y condenado a beber la cicuta. No aprovechó la ocasión de escapar. Hasta el último momento fue un hombre justo que acató las leyes de su ciudad, Atenas.
MODELO DE COMENTARIO DE TEXTO

El Critón es uno de los primeros diálogos platónicos en el que se recrea una situación histórica: la encarcelación del maestro Sócrates. A partir de ahí el filósofo Platón elabora las reflexiones de su mentor,  próximo a la muerte. En concreto, en este diálogo Sócrates discute con su amigo Critón acerca de las cosas que siempre le importaron pues ni una severa condena a muerte le impedirá dedicarse a lo que siempre fue su vida y su pasión.

El tema del fragmento tiene como marco general de reflexión la buena vida.  Para Sócrates,  ni siquiera el apremio de una muerte injusta debe hacernos olvidar cuáles son las estrategias y los caminos a emprender si  vivir la mejor vida posible ha de ser la meta de nuestra existencia.

La tesis del fragmento sostiene que para lograr la excelencia y ser un hombre justo no debemos hacer caso de lo que opine la mayoría, sino que debemos escuchar a quién entiende de verdad aunque se trate de un solo hombre (l.59-63). Sócrates le rebate a su amigo Critón el argumento que ha empleado  éste para persuadirle de que huya de la cárcel y escape a la muerte, a saber, que ha de atender a la opinión de la mayoría que no comprende por qué el maestro acepta resignada y cobardemente su destino fatal.
Sócrates comienza su argumentación con el ejemplo del gimnasta que cuida su cuerpo (l.8). No sería inteligente ni actuaría bien aquel deportista que se dejara aconsejar por lo que opina la mayoría (l.22-30). Sólo debería escuchar los consejos sabios de quién es un experto en temas físicos (l.17-20)
Si así es para los asuntos físicos, ¿no lo será también lógicamente para aquellos temas que tienen que ver con la parte de nosotros que se ocupa de lo injusto y lo justo? (l.50-55)
En este punto, Sócrates presupone que el hombre posee una parte física, el cuerpo, y otra que no lo es. No dice en ningún momento de qué se trata en concreto, aunque cabe conjeturar que se está refiriendo a la parte espiritual del ser humano, el yo interior, que piensa y se ocupa de llevar una vida virtuosa. Una parte del ser humano más importante que la corporal.
Por tanto, en aquellos aspectos más importantes que los meramente corporales donde no seguimos la voz de los inexpertos que siempre son más, no debemos ni mucho menos guiarnos por la opinión de la mayoría, sino que debemos dejarnos asistir por el sabio, aunque sólo sea uno. (l.59-63)
Finalmente, la mayoría opinaría que lo importante por encima de todo es vivir, cueste lo que cueste. Pero aquí de nuevo Sócrates cuestiona la autoridad de la mayoría y deja para una próxima reflexión si lo importante es simplemente vivir o vivir bien. (l.71-74)

En conclusión, Sócrates ha intentado defender la autonomía moral del buen pensador. No dejarse influir por las opiniones ajenas, llevar una coherente, buscar la verdad a cualquier precio y enseñar lo justo. Y esto último Sócrates no solo lo enseña aplicando el logos en sus diálogos, lo hace con el ejemplo de su propia vida.